10000 DEL SOPLAO

El infierno cántabro

Camino del Soplao con la Gravel Silex de Merida

Por Alvaro Cabrillo “Cabri”

¿Por qué? Seguramente te estarás preguntando en qué momento una persona decide meterse en un “embolado” como los 10.000 de el Soplao con una bicicleta de gravel. Y sólo quiero que sepas que… ¡me encantaría darte una respuesta lógica! Y creo que no lo conseguiré… ¡pero vamos a darle una vuelta!

Vive tu aventura

Con la SILEX dominarás todos los terrenos

Los 10.000 del Soplao es una prueba muy dura y exigente. 167kms y casi 5.000m de desnivel. No es una prueba técnica. Combina pistas, hormigón y una sucesión de montañas interminables. Desde pequeñas cotas con rampas imposibles hasta grandes puertos de 15 kilómetros. He realizado el Soplao 5 años y siempre digo ¡no volveré! Pero luego pasan los días, las semanas y sin querer tu mente ya está pensando en el año siguiente. Pero esta vez necesitaba un estímulo nuevo, una vuelta de tuerca, una experiencia nueva.

No busco un reto “mortal” en lo físico, no se trata de eso. No consiste en buscar la épica de lo imposible. Se trata de dar una vuelta a lo establecido. De hacer algo diferente. De sentir nuevas sensaciones y vivencias… ¿Y a dónde me lleva esto? A subirme a una bici de gravel, una Silex de Merida, y lanzarme hacia un recorrido muy exigente pero ciclable y vivir una aventura completamente nueva para mí.

Reconozco que lo visualizo con respeto pero con el mismo respeto con el que lo viviría si fuera al Soplao con una bicicleta de montaña al uso

Ahora se me plantean varios interrogantes:
¿Qué cubiertas usar? Es más… incluso, ¿qué ruedas usar?, ¿27.5 o 700?
¿Qué desarrollos montar?
¿Qué necesidades de entrenamiento necesito?
¿Cómo me adaptaré?

Son interrogantes que se abren ahora e iremos respondiendo en este blog. Bien sabéis que tengo la mente inquieta y este reto es un estímulo para seguir aprendiendo, vivir nuevas experiencias que compartir con vosotros y, de alguna forma, calmar esa mente inquieta que me desafía a tomar nuevos caminos.

Primera toma de contacto con la Silex

Por Alvaro Cabrillo “Cabri”

Toda aventura tiene que arrancar con un inicio: conocer a la máquina. Apenas he recibido la Silex he salido corriendo con ella para pulsar mis primeras sensaciones puesto que nunca antes había tenido la oportunidad de probar una gravel.

Se trata de la Silex 600 en aluminio con un PVP de 1.999 euros . Azul intenso, horquilla de carbono, grupo SRAM y una geometría diferente. Simplemente preciosa.

¿Sabías que las bicicletas de carretera, gravel y ciclocross no tienen las mismas geometrías y/o tecnologías? Según la bicicleta, modelo y especialidad, podemos encontrar bicicletas con geometrías agresivas o racing tipo aero (por ejemplo la Merida Reacto con la que fui el año pasado a la Quebrantahuesos ( ver video), otras más adaptadas para el gran fondo (como las Scultura) con una geometría menos agresiva o incluso modelos (como las gravel) pensadas para ofrecer una gran comodidad y versatilidad con la que sumar cientos de kilómetros bajo diferentes condiciones del terreno.

Por eso la primera vez que me subí a la Silex pensé… ¡coño, que erguido voy! Si te fijas en su diseño y en su geometría verás una pipa de la dirección mucho más larga de lo habitual. Irás más erguido, más cómodo, y preparado para sumar muchos kilómetros.

Los componentes de serie se asemejan a los de cualquier bicicleta de carretera tradicional. Puedes disfrutar de un compact 50-34 con un cassette de hasta 28 o 32 dientes y, he aquí una gran diferencia, con unas ruedas “all terrain” para escaparte por pistas y sendas. ¡Pero aquí empieza lo mejor de todo! ¡Y lo más complicado! Se te abre un abanico de posibilidades sobre estas bicicletas inmenso. Sabiendo que puedes circular sobre asfalto o en condiciones “off road” puedes jugar con muchísimas variantes en cuando a desarrollos, ruedas y cubiertas para adaptar tu bicicleta a las condiciones que se requieran. Puedas crear conjuntos polivalentes o más específicos según el uso que la quieras dar. Y aquí te preguntarás ¿Cómo vas a preparar tu bicicleta para el Soplao? ¡En el próximo post lo veremos!

Road to Madrid

La prueba de fuego antes del Soplao

¿Qué es el Road to Madrid en Gravel? Es una dura aventura para bajar de Santander a Madrid en bicicleta recorriendo pistas, caminos, carreteras y senderos. ¡Es un test a fondo de la gravel Silex 600! Y no está más decirlo… ¡un reto para colmar mis deseos de aventura! Y además, como uno es burro por naturaleza, no bajamos en línea en recta… ¡llegamos a pasar a 60kms de Vitoria!

Recuerdo hace un tiempo, cuando se empezó a hablar de las bicicletas Gravel, donde fui escéptico en su potencial. Y es ahora con las pruebas, aventuras y test a fondo cuando me doy cuenta de lo realmente equivocado que estaba… Reconozco que ha cambiado radicalmente mi idea sobre sus posibilidades y ha sido tremendamente excitante descubrir un nuevo mundo que se abría a mis pies: VERSATILIDAD Y AVENTURA.

¿Qué hemos hecho en el reto que he compartido junto a dos compañeros de aventuras que han llevado Silex en carbono? Ciclar 600kms y ascender 7.500m de desnivel por media España en 4 días. Rodar a 40kms/h por carretera, recorrer senderos en el cañón del Río Lobos, ascender puertos interminables con el bikepacking (mochilas) a cuestas o pistear por el Camino del Cid. VERSATILIDAD.

Diseñando rutas largas, duras pero llenas de diversidad sin saber, en muchas ocasiones, que nos encontraríamos. AVENTURA.

Hemos visto corzos, buitres, atardeceres, pueblos parados en el tiempo…

Si se me escapa un exceso de pasión en mis palabras… ¡disculparme! Pero soy un apasionado y esta aventura ha sido un reto de mucho calibre.

Os invito a conocer el vídeo resumen de las Etapas 1 y 2 ( ver vídeo) y podáis ver in situ el día a día de este desafío.

He rodado con un monoplato de 34 dientes y Cassette Sunrace 10-50 para “ir haciéndome” de cara el Soplao. Mis compañeros, los fenómenos David de Merida Bikes y Rubén de Ingravity, han rodado con un Compact 50-34 y un Cassette 11-34. ¡Lo cual significa que en zonas llanas favorables me llevaban con el gancho! A partir de 35-36Kms/h me quedaba corto pero agarraba cual garrapata a mis compañeros. Ahora bien para arriba… en zonas de tierra o pista… ¡qué bien iba con mi monoplato!

¡Estad atentos al Blog y al Canal de YouTube para no perderos nada!

El desenlace…reto superado

¡Y en infierno cántabro se hizo realidad! Cada 5 años toca un Soplao de los que quedan inevitablemente en la memoria:

2007: La Agonía

2012: El Infierno

2019: El Diluvio

Y… ¿Quién me iba a decir a mí que cuando afrontara el reto gravel en el Soplao me iba a tocar uno de esos que nunca se olvidan? Nadie. Nadie porque el tiempo en Cantabria es caprichoso y cambiante. Siempre te imaginas que todo pasará bajo un perfecto sol…

La semana previa a Los 10.000 del Soplao todos los ojos estaban en los diferentes modelos meteorológicos que anunciaban un día apocalíptico. Yo no podía dejar de pensar cómo podría meterle mano a este Soplao con la gravel. Hablamos de llevar al límite este modelo de bicicleta. ¡Y vaya si así fue! En apenas un mes le he metido 1.000 kilómetros a la  Silex combinando todo tipo terrenos. Aventuras de varios días, haciendo senderos, sobre asfalto… para acabar llevándola a los límites del… ¡infierno cántabro!

Amanecía lluvioso, el frío imperaba en la línea de salida, y no podía evitar sentir el corazón encogido mientras esperaba que dieran la salida. ¿Podría subir las rampas de hormigón?, ¿podría realizar las bajadas?, ¿pasar las zonas técnicas?… Dudas a las que sumar tu rendimiento ¿tengo piernas?, ¿tendré el fondo suficiente?… ¡Cuántos interrogantes!

Miraba a “Frankie” (nombre con el que bauticé a esta Silex 600 por todas las adaptaciones que hemos sido capaces de hacerle) y pensaba: “…de perdidos al río. Salgo un rato, bajo la lluvia, y me vuelvo y listo. Aunque no acabe al menos habré podido vivir parte de la aventura del Soplao…”

Los primeros kilómetros son duros. La gente sale alegre (se había acortado una zona del recorrido por riesgos meteorológicos) y te dejas llevar. Te das cuentas que vas alto de pulso… Pienso otra vez que da igual. Que me retiraré pronto y no importa si me quemo. Salvo las primeras bajadas con prudencia. Buscando trazadas limpias para cuidar la mecánica y no rajar las cubiertas. Y llegamos a La Cocina. Gente a ambos lados de las imponentes rampas de hormigón rayado. Y ahí estaban mis amigos y muchísima gente que no conocía pero ellos a mí sí. Jaleando y gritando “¡Vamos Cabri!”, “¡Échale huevos!”, “¡Dale valiente!”… y en esos momentos las piernas se llenan de energía. Salvas la subida con suficiencia, atraviesas el barro, llegas a las Cuevas del Soplao y ahí llegamos a un punto de los que temía en mi interior. Sé que iba a ser una bajada difícil, dura, con muchísimo barro… Pero no me lo pensé. Llegar y bajar. Sin pensarlo. ¡Cuánto barro! Es increíble. La bici se desliza pero no rueda. En un momento tengo una pequeña caída que salvo cayendo de pie y me río “¡pero que cojones es esto!”. Pero de buena gana seguimos para adelante y acabamos librando la bajada. Es el kilómetro 30. La espalda empieza a estar dolorida y el rotuliano izquierdo que venía tocado del Road to Madrid se empieza a quejar.

Rodamos y llego a Monte Aa. Rampas fuertes pero salvadas. Ha sido un acierto montar el Cassette 10-50. Estoy empapado, tengo frío, no siento mucho los pies pero, de alguna forma que no alcanzo a explicar, tampoco me siento jodidamente mal. Voy pensando que una vez baje Monte Aa, con 70 kms en las espaldas, será un buen momento para retirarse. Y llego al río que tenemos que vadear y… otra vez… decenas de personas que te jalean, te animan, te gritan… ¿Pero qué demonios hago? SEGUIR PARA ADELANTE. El chute de energía me lleva a subir el Moral. No tengo las mejores piernas pero poco a poco lo intento salvar.

Con frío y lluvia bebes menos, comes menos… es delicado porque las energías pueden desaparecer.

Arriba del Moral hace frío… llego tocado. Me tomo un vaso de Coca Cola y para abajo. Rápido para no helarme. En estos momento ya me duele muchísimo la espalda, hombros, brazos, piernas… cuando baje y vaya a Cabezón seré bronce. Pienso que es más que suficiente. Al llegar abajo paso por el sendero roto de Correpoco (qué dolor) sólo con la intención de ver el ambiente en la temible subida del Negreo pero sin el convencimiento de subir y sí tirar para meta. Pero… otra vez… maldita sea… ¡otra vez! Mis amigos estaban allí gritando como locos, gente que no conozco animándome una vez más… ¡malditos sean mis huesos! No me queda otra que tirar a subir el Negro. La inyección de adrenalina es enorme. “¡Por mis amigos!” pienso.

Durísimas rampas. Durísimas. Pero una vez más el montaje es un acierto y puedo subir todo sobre la bici. Los últimos dos kilómetros del Negreo son un pedregal como una calzada romana sin mantener durante 2.000 años. Me tiembla el alma. Cuando corono tengo que parar. Me duele todo. Muñecas, brazos, espalda, rodilla… Ya no siento ni el frío ni la lluvia. El Soplao está hecho. Bajada con cuidado, vadear río y enfilar a meta.

Sé que de este Soplao me acordaré toda la vida. Por las condiciones en que tuvo lugar y por afrontarlo con una bicicleta Gravel. El reto estaba sobre la mesa. Recogí el guante sin estar muy seguro de mis posibilidades… y ¡lo sacamos adelante! Siempre he creído que soy una persona con mucho tesón, aguante y que tira para adelante con lo que toque en la vida. Hacía mucho qué no necesitaba tirar de esas características peros siempre me he visto así. Y este Soplao me ha ayudado a recordar que ese Cabri sigue ahí. Fuerte, con ganas.

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